Para comprender lo sucedido en Corea, es
necesario recordar que en torno a 1948 el mundo había quedado dividido en dos,
debido a la
guerra fría. Lo que habían previsto
los aliados acerca de Corea era la desaparición de la colonización japonesa y
una cierta tutela internacional durante algún tiempo. En esta península
asiática, la ocupación por parte de dos aliados -la URSS y los Estados Unidos- con sistemas de organización
social y política tan diferentes tuvo como
consecuencia una delimitación de las respectivas áreas de influencia en el
paralelo 38.
Corea quedó así dividida en dos partes. En
el verano de 1947, los norteamericanos llevaron la cuestión coreana a la ONU, que decidió la formación de un Gobierno provisional
después de la celebración de unas elecciones en la totalidad
del territorio. Pero éstas sólo se celebraron en el Sur, dando la victoria a Syngman
Rhee, mientras que en el Norte una
Asamblea con supuestos representantes del Sur decidía, poco después, la proclamación
de la República
Popular de Corea. A fines de 1948, los
soviéticos retiraron sus fuerzas
de ocupación e inmediatamente después lo hicieron los norteamericanos.
Quedaron, así, enfrentadas dos Coreas. La
del Norte fue un Estado muy militarizado, que se apoyaba en fuertes
sentimientos nacionalistas. En cuanto a la del Sur, Rhee, que había vivido
durante largo tiempo en Estados Unidos y parte de cuyos colaboradores lo habían
sido también de los japoneses, fue un gobernante autoritario que propició una
vida política escasamente democratizada. No tuvo inconveniente, por ejemplo, en
ordenar la prisión de parlamentarios. El temor en el Sur a una intervención
comunista parece que era escasa, a diferencia de lo que por entonces sucedía en
Alemania. Sin embargo, el Ejército surcoreano estaba poco preparado desde el
punto de vista material, mientras que las unidades norteamericanas más próximas
sólo disponían de munición para 45 días de combate.
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